Por Mauricio Codocea

El capitán y jugador más importante de la historia del básquet argentino habla de todo: Tokio 2020, las posibilidades de la Selección, sus sensaciones y la situación de una CAB que vuelve a generar preocupación.

Luis Scola juega de local en Las Vegas. En aquel icónico paraje estadounidense fue ungido como capitán de la Selección argentina de básquet hace 14 años. Durante esos mismos días Daryl Morey (por entonces mánager de Houston Rockets) conseguía incorporarlo al equipo y Luifa se convertía en NBA en el mismo complejo en el que hoy se entrena con el equipo de Sergio Hernández, el coach que en aquel 2007 le otorgó la "cinta".

Pasó, en los años siguientes, en reiteradas ocasiones por esta ciudad del estado de Nevada. Y podría, esta, ser la última. Sin embargo, fiel a su estilo, durante la hora de charla con Clarín vía Zoom el jugador más importante de la historia de esta disciplina le resta importancia a todo lo que rodea a su potencial despedida del deporte. O lo intenta, porque reconoce que esta vez podría ser distinto.

Hacía rato que no pasaba por Estados Unidos, país en el que vivió durante la década que jugó en la NBA y del que se alejó en 2017, después de ser cortado por Brooklyn Nets.

"En este momento en particular es muy raro viajar por el mundo y todo te sorprende pero quizás, dentro de esta locura que estamos viviendo hace un año y medio, Estados Unidos sea ahora mismo una sorpresa porque es la excepción. Venir acá y ver todo totalmente abierto y normal da como algo imposible, impensado", relata sobre estos días en Norteamérica, donde Argentina se prepara para unos Juegos Olímpicos de Tokio 2020 en los que defenderá el subcampeonato del mundo.

Sin embargo, la charla tiene que ver con esta, su más que probablemente última preparación olímpica, y con la vida de la Selección, ese equipo que en los últimos 20 años ha hecho prácticamente suyo.

-El año pasado dijiste que parte de la energía te la había borrado la pandemia. ¿Tuviste que "recargarte"?

-Hablar mucho de mi carrera con respecto a la pandemia es casi como insultante para toda la gente que está viviendo situaciones tremendas tanto a nivel laboral como de salud o emocional. Pero sí en ese momento se me hizo muy largo. Y después hay otra cosa: el básquetbol europeo es difícil y me cuesta mucho más ser feliz, porque tiene otras características, se vive de otra manera y yo no lo disfruto tanto. Disfruté muchísimo la NBA, China, la Selección... Pero una vez que me fui a EE.UU. me sentí muchísimo más identificado con lo que pasa ahí que con lo que pasa en Europa. Y al volver, después de 12 años, era como que un poco me había olvidado. El haber vuelto fue refrescar eso y no es donde me siento más cómodo. Y el hecho de jugar sin público, no poder viajar, haber parado un mes y medio la temporada, haberla suspendido... Fueron todas cosas que comieron muchísima energía. Pero al final del día estoy acá, que es lo importante.

-¿Y el Juego Olímpico fue una zanahoria para la "recarga" en ese contexto de incomodidad?

-No, no necesitaba eso. Me pongo objetivos y algunos no son tan importantes como otros pero yo los encaro de la misma manera. (Piensa) Mirá... No hubiera hecho dos años de carrera "mal" para jugar un Juego Olímpico. La gente siempre me pone en ese lugar de que lo único que me importa es la Selección y la realidad es que, a pesar de que es antipopular la respuesta, eso no es verdad. Le doy el mismo valor a todos los desafíos: lo hice cuando estuve en Houston, en Vitoria, en Milano, en Varese. Una vez que tomé la decisión de hacerlo es porque creo que lo puedo hacer, porque estoy completamente convencido. Después, obviamente, las cosas pueden ir mejor o peor. Cuando fui a Varese, las preguntas en mi cabeza eran esas: ¿quiero hacer esto? ¿Quiero jugar un año acá, luchar por lo que sea que este equipo luche, jugar con esta gente, en esta cancha, vivir en esta ciudad? Si la respuesta es sí, lo hago. Si no, no.

La fuente de la juventud

Después del Mundial 2019, algunos jugadores confesaron que Scola les dijo, en una cena posterior a quedarse con la medalla de plata, que el grupo le había infundado una tremenda dosis de energía y lo había hecho, de algún modo, "sentir joven otra vez".

"La juventud tiene un valor muy grande: esa energía, esa fuerza, esos empujes que a medida que vas creciendo los vas perdiendo. Eso te genera una situación complicada, en el sentido de que te da melancolía. 'Yo antes era tal cosa, antes me dormía a las 4 de la mañana y ahora son las 10 y estoy bostezando; antes salía dos días seguidos y ahora me tomé dos vasos de vino y me duele la cabeza'. Porque a medida que crecés, vas ganando otras cosas, pero ese motor lo vas perdiendo", reflexiona Luifa.

"Y la juventud, a pesar de que no entiende esto porque no lo vivió y recién lo va a entender dentro de un tiempo, tiene ese efecto contagioso. Cuando vos estás rodeado de gente joven, eso te levanta, te lleva para arriba, te da esa vitalidad. En mi caso en particular, estos chicos me dieron un montón de energía -refuerza el capitán-. Tanto como decir que recuperé las ganas de jugar al básquet no, porque nunca las perdí; pero sí en un momento en particular necesitaba esta combinación que se dio, en la cual yo entraba en un equipo en el que había un montón de chicos... Bueno, lo que pasó. Estaba necesitando eso y tuve un poco de suerte".

-¿Y vos qué sentís o qué te han dicho ellos que les contagiás?

-Es difícil contestarte sin caer en el autoelogio, que creo que es bastante incómodo. Creo que aporté varias cosas, pero el gran porcentaje de mi energía, mi esfuerzo y mi voluntad en este tiempo estuvo orientado a lo que yo pudiera darle a este equipo adentro de la cancha. No quise encasillarme en un lugar donde mi palabra, mi presencia o mi experiencia, por más que fuesen importantes, fueran el valor total de lo que yo aportara. Tuve una charla con Oveja (Hernández) cuando me dijo que quería que jugara en la AmeriCup 2017 y hablamos de esto, de empujar, del cambio, bla bla, y en un momento le dije "Esto está genial pero yo tengo que saber que, como entrenador, me querés a mí por lo que te puedo dar adentro de la cancha". Y él me dijo que era absolutamente así y ahí empezó esta movida que ahora termina. No fue un ultimátum de mi parte ni nada por el estilo; simplemente quería tener claro que lo que yo iba a aportar no era simplemente un valor testimonial.

-En ese sentido, esto de ser una suerte de "hilo conductor" entre generaciones, ¿lo planificaste o simplemente salió?

​-Salió así, se fue dando. Encaré las cosas a medida que fueron viniendo. Del mismo modo encaro también Tokio. Tengo 41 años, está clarísimo que me retiraré muy pronto, pero no pienso en esto como mi despedida, no le pongo una cuota de dramatismo o importancia que creo que no tiene. Es un Juego Olímpico, es importante como los otros cuatro que jugué, pero no es el broche de oro; es un torneo más en el que quiero que me vaya bien. Cuando termine, analizaré cuál será mi futuro, que muy probablemente sea retirarme porque tengo 41 años. Y si no es retirarme ni bien termina, será 5 meses, 2 meses o un año después, pero no 3 años después. Y no le doy el tinte dramático o épico de final de algo aunque muy probablemente lo sea.

-En algún momento Argentina estará ante su "elimination game", el partido que marque el final del torneo. ¿No te va a pasar nada por dentro?

-No sé... Cuando llegue el momento te lo digo (risas). Imagino que sí, que pasarán cosas. Pero intento desconectarme de eso porque no suma; y lo que no suma, resta. Ese día intentaré pensar de esa manera lo menos posible, intentaré evitarlo lo más que pueda. Porque eso disminuye las posibilidades de jugar bien. Intentaré llegar a ese partido pensando que es uno más de la misma manera que tomo este torneo como uno más. O intento tomarlo, está claro, no soy tonto.

-Has vivido muchos momentos determinantes en tu carrera. ¿Te resulta fácil dejar las emociones de lado? ¿Cómo lo hacés?

-Con el tiempo me fue resultando más fácil. Porque al final del día, somos nuestro promedio. Vos no sos ni tu mejor partido ni el peor. Todos esos partidos son puntos en un gráfico de rendimiento. Y vos sos una línea en el medio, que lo más probable es que no toque ninguno de esos puntos. Cuando un tirador tiene un porcentaje, digamos, del 40%, cada vez que se para detrás de la línea y tira un triple, nunca va a llegar a 40% porque hay dos posibilidades en ese tiro: que sea 100% o que sea cero. Debe tirar cinco tiros para llegar al 40% acertando 2 de 5. Y no es tirador porque un día metió 5 triples ni deja de serlo el día que mete 0 de 10. La unión de todo eso, durante su carrera, lo convierte en un tirador de 40%.

Scola refuerza este concepto: "Mi carrera ya está hecha, está diluida en un montón de cosas, buenas y malas. En ese sentido, no puedo darle al último torneo, al último partido o al último resultado una importancia que no tiene. Si querés podés hacer el ejercicio pensando en Michael Jordan. ¿El último partido de Jordan fue el del tiro (contra Utah Jazz en 1998)? No, fue uno en Washington. Y no cambia nada. No necesitás el final épico para que tu trayectoria sea mala o buena. Por eso no lo tomo de esa manera, porque Tokio no definirá mi carrera; mi carrera es todo lo que conseguí. Después cada uno la analizará a su modo. Mi último partido se lo van a olvidar en cinco o diez años; van a hablar de Luis Scola como un montón de cosas que pasaron, todo quedará en la bolsa y lo que se dirá de mí será lo que fui capaz de hacer, de manera consistente, a lo largo de 20 años.

Con la mira puesta en Tokio

Camino al Mundial 2019, Scola dijo puertas afuera que el equipo tenía que aspirar a un quinto puesto; pero dentro del vestuario convenció a sus compañeros de que se podía jugar una semifinal. El capitán argentino ya vivió una etapa con un Mundial en el que -especialmente para los ajenos- la Selección fue sorpresa y luego un Juego Olímpico en el que tuvo que defender esa "chapa". Se habla, claro, de Indianápolis 2002 y Atenas 2004, el punto cúlmine de la Generación Dorada.

"La temática después de 2016 fue esa: tomar vuelo propio a ver adónde podíamos llegar. Necesitábamos romper ese lazo con la Generación Dorada para desarrollar nuestro máximo potencial. Las similitudes son increíbles, pero la realidad es que es imposible pensar que se va a repetir la misma historia", asegura el ala pivote.

Y agrega: "No estamos en el mismo lugar que en Atenas. Ahí teníamos otro nivel de talento y el mundo también era distinto. Todo estaba concentrado en la NBA, los demás equipos tenían uno o dos jugadores en esa liga, hoy tienen 10 o 12, 6 o 7. Y la misma lógica aplica: al romper ese vínculo, que fue lo mejor que hicimos y lo que más resultado nos dio a nivel mental, traerlo de nuevo sería contradictorio. Somos otros jugadores haciendo otras cosas y sobre eso queremos ser juzgados. Después, el resultado no sabemos si será el mismo. Mejor no va a ser (se ríe), puede ser igual. Pero no estamos tratando de superar aquello sino de jugar el mejor torneo posible".

-¿Te preocupa el tema de los casos de COVID-19? Argentina ya tuvo que viajar sin Deck, las Gigantes quedaron sin chance de ir al Mundial por los contagios...

-No, creo que estaríamos en una especie de recta final y con las vacunas, y tantos contagiados que hubo, y con la burbuja que habrá en Tokio, creo que no. Pero no lo puedo saber.

-Contaste que dijiste "basta" en la NBA un día que te tocó jugar contra Antetokounmpo. Hay un potencial rival en el Grupo de los Juegos que saca diferencias similares, con otro estilo, claro, como Luka Doncic. ¿Te gustaría ese desafío?

-Aquel comentario iba más por la diferencia física que sacaba. Giannis y LeBron James son probablemente los emblemas de una capacidad atlética que creía que no existía. Lo otro, lo que hacen Doncic o Nikola Jokic, y a pesar de que no es así, te hace pensar que es "más posible". Es decir, podemos ser buenos en el básquet, tenemos la materia prima como para ser como ellos. En el caso de Giannis o LeBron no hay ninguna posibilidad en el mundo de que hagamos lo que ellos hacen. La capacidad atlética de los jugadores está rozando lo sobrehumano. Pero bueno, por cierto te aclaro, poder jugar contra Doncic estaría buenísimo, a pesar de que no sabemos si nos tocará.

-Y el plantel de Estados Unidos, ¿qué te genera?

-Invencible no hay nadie, pero no hay dudas de que si juegan bien al básquet va a ser muy difícil que pierdan. Pero invencible no es nadie: un partido malo lo puede tener cualquiera.

-¿Tenés más candidatos?

-Los de siempre, los que tienen el mayor talento, como FranciaEspaña, son los que tienen más posibilidades de ganar. Australia también está muy bien.

-¿Y Argentina dónde está?

-Creo que estamos muy bien, tenemos chances. Si hacemos una muy buena preparación y jugamos bien, y podemos hacer un buen grupo, podemos jugar un cuartos de final con posibilidades de medalla. Y tenemos chances de competir con todos esos equipos a un partido. Pero la realidad la va a marcar el nivel que tengamos al llegar de acuerdo a la preparación. A China llegamos en un nivel muy alto.

-Igual nunca definió al equipo eso, ¿no? Hernández siempre recuerda preparaciones flojas que luego no incidieron tanto.

-Sí, pero teníamos mucho más talento, seis tipos en la NBA, jugadores 7 y 8 que eran top 5 de Euroliga. Un talento que hoy no tenemos y dentro de un mundo en el que no había tanta jerarquía repartida en el ámbito FIBA. Eso te da el talento: la posibilidad de hacer las cosas un poco peor y salir ileso. Estados Unidos puede tener una mala preparación, llegar un poco peor en forma, pero otros países tienen menos margen para esas atribuciones. Nuestro talento hoy no nos lo permite. Somos capaces de ganarle a muchos equipos, lo hemos demostrado. De hecho, muy probablemente seamos capaces, aunque no favoritos, de ganarle a todos los equipos del torneo. Pero a su vez somos capaces también de perder con cualquiera de los otros 11, incluidos JapónNigeria, porque no tenemos el talento como para no llegar bien y ganar igual. La respuesta de dónde vamos a llegar va a estar directamente relacionada a nuestro tipo de preparación.

Medallas, resultados, proyectos y diferencias insalvables con la gestión de la CAB

En una entrevista con este medio en 2019, antes de viajar a China para el Mundial, Scola habló de lo difícil que sería aspirar a una medalla hasta no equiparar el desarrollo con los países líderes del rubro. Sin embargo, el propio equipo fue contrafáctico: ganó la plateada al llegar a la final (en la que perdió con España).

Luifa se ríe al recordarlo. "La realidad es que necesitás esos jugadores (los de nivel NBA) para aspirar a una medalla. Después fuimos al torneo y arruinamos mi propio argumento; yo hice toda la fuerza del mundo para arruinarlo. Pero ese resultado no lo invalida: tu nivel de talento define qué sos y adónde vas a llegar. Y nuestro objetivo tiene que basarse en generar la cantidad de talento suficiente. No podés ganar medallas pensando que vas a ganarle a un equipo mejor que vos. Lo podés hacer una, dos veces, pero no lo podés hacer repetidamente. Volvemos al concepto del promedio: un día vas a estar por encima y otro por debajo. Es tan lógico lo que pasó en China como lo sería lo opuesto, que termináramos en el puesto 11".

Y profundiza: "Nosotros nos basamos muchísimo y nos apoyamos en lo que es un ancla para nosotros: la viveza, la escuela, los huevos, lo que pasa cuando nos ponemos la camiseta. Constantemente estamos promoviendo un esfuerzo extraordinario: 'Porque ahora nos pusimos la camiseta argentina y vamos a jugar a un nivel tan superior al de nuestro talento que vamos a ganar una medalla'. Y esto tiene un problema grave, porque es insostenible en el tiempo. El rendimiento extraordinario, la palabra te lo dice, no lo podés repetir. Lo que sí podés repetir es tu promedio, entonces tenés que conseguir que eso que sos capaz de repetir todos los torneos de tu vida sea de un nivel alto. Ahí te ponés a la altura de los mejores del mundo".

Lo que sí destaca Scola es la capacidad de reclutamiento que ha tenido el seleccionado, el compromiso de los jugadores argentinos. "Eso sí siempre lo hicimos muy bien porque fuimos muy eficientes en las convocatorias: no teníamos tanto talento como los demás equipos pero hemos conseguido reclutarlo casi siempre y otros países no lo han hecho. Eso suma muchísimo, porque si encima de no tener tanto talento como otros equipos lo perdés porque no sos capaz de reclutarlo año a año... Lo que te lleva a los lugares es el talento y la forma de desarrollarlo es con objetivos a largo plazo que no tenemos. Creo que nunca los tuvimos".

-¿Y los resultados no ponen en riesgo ese plan? Te van a decir "para qué un proyecto, si así somos subcampeones del mundo, tenemos casi cuatro NBA"...

-Los resultados son tóxicos en ese sentido. Bah, no, no está bien lo que te digo. El corto plazo es tóxico. El resultado es el objetivo final. El problema es cómo hacemos para ganar. El corto plazo, en ese sentido, por esta lógica de la que hablo de picos y valles de rendimiento, te distorsiona. Si lo hacés a largo plazo vas a ver una línea mucho más clara, más llana. El cortoplacismo puede ser tu enemigo; el resultado en sí, no. Tenés que saber usarlo a tu favor.

Scola se mete de lleno en la injerencia del resultado y piensa en voz alta cómo la gestión debería mantenerse al margen de los mismos y de lo que se opine de acuerdo a ellos: "Cuando vos estás de un lado del mostrador tenés que tener la frialdad para tomar decisiones, pensar, diagramar un proyecto y ejecutarlo. Y tu decisión no será correcta por perder o ganar, sino porque a la larga vas a mejorar, tu promedio va a ser más alto y eso sí te va a permitir competir y ganar. Recién ahí, si tenés un proyecto y el proyecto no te lleva a ganar, podés decir que es malo, está mal pensado".

"Pero al hincha no le podés pedir ese nivel de análisis que vos tenés después de estar trabajando en eso 5 años -refuerza-. Y está perfecto, no le podés decir cómo ver el resultado porque para el que está del lado de afuera, lo más importante, lo único importante, va a ser ese partido. Vos, del otro lado del mostrador, tenés que ver adónde querés llegar, algo mucho más elaborado".

-Y los que están de ese lado del mostrador, ¿le dan bola a eso?

-Si tenés un proyecto y ves el final del mismo, es demasiado chico. A este nivel no existe algo que puedas hacer y ver el resultado en cuatro años. Tenés que ser capaz de diagramar algo que van a continuar otras personas y que eventualmente te llevará a un determinado lugar, sabiendo que nadie va a venir a decir "pará, hace 16 años José Pérez empezó esto, vamos a premiarlo".  Y nosotros en Argentina, en el básquet, porque no me animo a hablar de otros rubros porque no los conozco tanto, fallamos estrepitosamente. Todos los proyectos son unipersonales: se quiere lograr cosas enseguida y que esté todo atado a un nombre. Y me tomo una pequeña atribución: este problema lo ves en muchísimas más cosas que el básquet o el deporte. El ponerle el nombre propio y querer ponerse la medalla por un proyecto nos hace pensar muy en chiquitito como país, pero bueno, en este caso estoy hablando del básquet, que es lo que a mí me corresponde.

Para Scola esta es la primera concentración de Selección desde que cambiaran las autoridades de la Confederación Argentina de Básquetbol a fines de 2019. En aquel momento él, como la plana mayor de la Generación Dorada, se paró en la vereda de enfrente del espacio que finalmente se quedaría con la presidencia de la CAB.

-En los últimos tiempos has dicho dos cosas: por un lado, que si te convocaran a organizar algo te sería difícil decir que no por el afecto que tenés por la Selección. Y por otro, está tu desencanto con el sistema dirigencial actual. ¿Cómo estaría hoy la posibilidad de que Luis Scola diga "me voy a poner a gestionar para encaminar esto de la forma que creo correcta"?

-Mirá, la vida es larga y no sé qué pasará en 10 o 15 años. En algún momento contesté lo primero que mencionabas, pero después las cosas cambiaron. Hoy estamos en una situación totalmente diferente y la respuesta es casi opuesta: sería literalmente imposible que pueda ayudar en la CAB por dos motivos. El principal es que la gente que está en la CAB no quiere saber absolutamente nada conmigo: tiene un rechazo enorme por mí, por lo que pienso y por lo que quiero hacer. Y me quieren lo más lejos posible. Y la segunda es que nuestras formas de entender una organización deportiva en cualquiera de sus aspectos están en veredas tan opuestas que hasta hay cierta armonía en lo que te digo. En algún punto pienso que si me llamaran y me dijeran "queremos que vengas a ayudarnos", me sentiría incómodo, diría "pará, esto que me estás diciendo es imposible". Y estoy seguro de que ellos están cómodos de que yo piense diferente. Esa es mi respuesta: en este momento es totalmente imposible.

-Hay una opción alternativa, que es que vos mismo construyas desde un determinado lugar. ¿Se puede pensar a futuro en un espacio propio para que tomes partido en esto?

-Ahora mismo no tengo ese interés, no está en los planes. Crear un partido y ganar las elecciones sería ser parte de un sistema que pienso que hay que cambiar. Igual, es irrelevante lo que piense, porque no estoy pensando en cambiarlo, porque no voy a jugar con esas reglas; no tengo ese interés, al menos ahora mismo. Por ende imagino que seguirá de esta manera. Quizá las cosas sean diferentes en un par de años.

-¿Nunca lo pensaste en este tiempo? ¿Ver hasta dónde lo podés cambiar?

-En algún momento tenía ese interés, pero cuando volvió esta gente a manejar la CAB fue como que bajé un poco los brazos. Porque al final del día hicimos tanto para cambiar las cosas y nos encontramos, cinco años después, prácticamente en el mismo lugar que antes. Eso fue bastante desmotivador.

El año pasado, Scola marcó que no tenía diálogo con la conducción actual encabezada por Fabián Borro, principalmente porque no había habido un proceso de Selección. En esta ocasión, como parte de la planificación de cara a Tokio 2020, el capitán (como es habitual) participó de discusiones sobre la preparación.

Hubo discrepancias. La dirigencia, como en su momento contó este medio, quería hacer otro tipo de gira, pasando por España, basándose en una situación económica muy difícil para la CAB, que incluso mantiene una deuda con el plantel correspondiente al Mundial 2019. Scola y el grueso de los jugadores se inclinaban por Estados Unidos.

"Siempre los jugadores intentamos estar al tanto de cómo son las preparaciones y la razón es que hemos hecho unos delirios de preparación dignos de escribir un libro -explica Scola-. Lo último que nos interesa es ver qué combinaciones vamos a hacer, cuánto tiempo de espera hay en un aeropuerto, adónde vamos a ir a jugar, en qué tipo de hotel, con qué comidas. Todas esas cosas nos quitan energía, tiempo, no nos interesan. Estaríamos muchísimo más cómodos sin tener este tipo de discusiones. Esto empezó porque las cosas que nos hacían hacer por plata, para cubrir agujeros de la misma Confederación, eran totalmente inaceptables. Entonces empezamos a tomar el control de eso".

-¿Estás hablando de ahora o de años anteriores?

-Hace muchísimo tiempo. En algún punto lo habíamos logrado mejorar y en un momento volvimos a tener las mismas discusiones que teníamos antes. Ahora estamos acá. La preparación es buena dadas las circunstancias, que no pudimos ir a Argentina o hacer más amistosos. La realidad es que mientras la preparación sea aceptable se pueden hacer muchas cosas diferentes. Pero hay un punto en el cual si se cruza una línea, no se puede porque deportivamente no es aceptable. Los argumentos (para hacer otra cosa) están geniales, pero si la Selección no es capaz de producir adentro de la cancha, no hay nada. Si el equipo no puede jugar al mejor nivel posible, no hay otra forma; la CAB no tiene otra actividad. Por ende, la calidad de la preparación deportiva tiene que ser la prioridad absoluta.

Fuente: Clarín

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